domingo, 11 de noviembre de 2012

Alzheimer, alimentación, desnutricón

El Alzheimer ya afecta a millones de personas, creciendo el número cada año que pasa. Por eso, el reto común de asociaciones, investigadores y familiar que cuidan de los enfermos es el de contribuir a mejorar su calidad de vida, En este contexto, la alimentación juega un papel relevante, ya que la pérdida de peso y la desnutrición son habituales y se asocian a un aumento de la morbilidad y la mortalidad.
Los problemas inherentes a la enfermedad, como son la pérdida de la independencia, la dificultad para orientarse, los desórdenes en el comportamiento alimentario y la deambulación frecuente, influyen en el adelgazamiento, que se incrementa con severidad a medida que va pasando el tiempo y el mal va progresando. La información sobre el manejo dietético y los problemas nutricionales son fundamentales para los profesionales de la salud y las familias.
No hay evidencias científicas sólidas que vinculen los factores nutricionales a la causa de la enfermedad del Alzheimer, pero la desnutrición y la pérdida de peso son compañeras frecuentes de las personas que la padecen. Se llega a la malnutrición-desnutrición por diversas razones; la pérdida de memoria influye hasta el punto de olvidar cosas tan básicas como hacer la compra, almacenar los alimentos en la despensa o en la nevera y cocinar. Se dan cambios tan sutiles en los primeros estadíos que ni siquiera la familia se da cuenta de que la persona con Alzheimer no se está alimentando bien. El olvido de las preferencias alimenticias, y parece ser que hasta de los gustos, y la dificultad en percibir los aromas y saborear un buen plato son algunas de las causas por las que se pierde el apetito y se come menos.
La atrofia de ciertas regiones cerebrales implicadas en la regulación de la conducta alimentaria podría estar relacionada con la pérdida de peso severa y la deficiencia de nutrientes, derivada de la maña alimentación, que a su vez, incrementa el deterioro cognoscitivo. 
Con el progreso de la enfermedad, aparecen la deambulación, la agitación y la intranquilidad, responsables de un gasto calórico hasta 1600 kcal más de lo habitual para las características físicas del individuo. Si se come menos y se gasta más, el resultado es fácil de predecir; se favorece la pérdida de peso que puede ser el precedente de infecciones, enfermedades oportunistas y complicaciones de salud, que lo único que hacen es ensombrecer una calidad de vida de por sí ya muy reducida.


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